Jun 24 2009
Arco iris y represión en el desfile gay de Jerusalén
Jerusalén celebrará el jueves su octavo desfile del orgullo gay en medio de la tradicional disputa sobre la imagen que debe proyectar al mundo la ciudad sagrada del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.
No faltarán los colores del arco iris pero serán exhibidos con discreción, y tendrán que mantener el pulso con las contramanifestaciones de ortodoxos que desde 2005 han convertido este desfile en actos de violencia, que empezaban a pedradas y acababan en apuñalamientos, incendios y arrestos.
“No se trata de provocar a las comunidades ortodoxas”, dice Yonatan Gher, líder del colectivo gay en Jerusalén. “Mañana es el único día en que puedo caminar por la calle con mi pareja de la mano sin ser agredido”, dice este joven que dirige la llamada “Open House” de Jerusalén, el centro que asesora y agrupa al colectivo gay de la ciudad.
Yonatan lamenta que dentro de un país liberal y progresista como es Israel “Jerusalén tenga que utilizar este día para exhibir su santidad y hacer una interpretación conservadora del verdadero sentido del desfile”.
Israel se encuentra a la vanguardia mundial en el reconocimiento de derechos a las parejas gays. En 1995 reconoció el derecho a compartir beneficios como el de la asistencia médica o la herencia entre parejas del mismo sexo, y lleva la delantera a Estados Unidos en permitir la entrada de jóvenes homosexuales al Ejército.
Aunque no contempla el matrimonio homosexual -Israel sólo reconoce las bodas religiosas-, sí reconoce los contraídos en otros países, como Canadá (el único que acepta casar a personas sin la nacionalidad), y reconoce además el derecho de las parejas homosexuales a tener hijos.
Sin embargo, la naturalidad con la que la comunidad gay puede ejercer estos derechos en ciudades como Tel Aviv, que hace dos semanas celebró por todo lo alto su día del orgullo gay, se transforma en tabú y represión en Jerusalén.
“Israel es un Estado único, con valores únicos, pero con diferencias para la ciudad de Jerusalén”, afirma el rabino ultra-ortodoxo David Lichtman.
“Tenemos la responsabilidad de defender los valores morales sobre los que se fundó la ciudad de las tres religiones”, dice Lichtman, que define a Jerusalén como la “capital moral de las enseñanzas de la Torah” y “se opone a la expresión pública de mañana”. “Es una provocación”, asienta.
La incomodidad de ser gay en una ciudad salpicada de barrios ultra-conservadores judíos y musulmanes es un reto para los gays y lesbianas ortodoxos y también para los palestinos. “Salir del armario para ellos es un trauma que a veces acaba en suicidio”, cuenta Yonatan, representante del colectivo gay.
“Me castigué a mí misma durante años”, reconoce Atira, una joven lesbiana ortodoxa, que sufrió “la decepción y la vergüenza” de sus padres al conocer su homosexualidad.
“Cuando descubrí que me gustaban las mujeres fui a la Torah para ver qué decía sobre eso y no encontré nada”, añade Atira, defendiendo que “amar y ser honesta” son sin embargo valores “que sí encontré y a los que no faltó por ser lesbiana”.
El Levítico 18:22, el tercer libro de la Biblia, es de hecho el único que habla abiertamente de la homosexualidad y lo hace únicamente para los hombres. “No te acostarás con varón como lo harías con una mujer”, reza el libro dejando la puerta abierta a cientos de interpretaciones y a que “nadie pueda poner límites a lo que hago en la cama con mi pareja”, afirma Ron Yosef, rabino homosexual.
Maestro espiritual judío y homosexual al mismo tiempo, Ron es hoy uno de los defensores de los derechos de los gays entre la comunidad ortodoxa. Entre otras cosas, lucha por librar a los jóvenes ortodoxos gays de la carga de casarse con una mujer por obligación y, para ello, ha redactado un documento que ha sido aprobado ya por 30 rabinos en todo el país.
En una ciudad que asfixia a la comunidad gay, algunos jóvenes optan por la psicoterapia, a veces más ortodoxa incluso que su educación durante la infancia.
El terapeuta Adam Sholomo explica a dpa que sus sesiones con jóvenes gays se convierten en la mayor parte de las ocasiones en “ejercicios para potenciar la atracción a las mujeres y minimizar el deseo por los hombres”.
“La homosexualidad no es tan diferente de otros problemas de adicción. Estamos en una cultura promiscua y existen una serie de mecanismos psicológicos que desarrollan la homosexualidad”, dice Adam. “Yo trabajo con esos mecanismos para ayudar a mis clientes, porque la mayoría no quieren llevar una vida homosexual y vienen a mí porque quieren liberarse”, añade.
El método de Adam irrita a Yonatan, que afirma que “alguien debería quitarle la licencia de psicólogo” y reconoce sin embargo la cada vez mejor relación que existe entre la comunidad ortodoxa y la homosexual de Jerusalén.
Fuente: elpais.cr